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jueves, 30 de noviembre de 2006

LA JUVENTUD Y EL AMOR (30 - NOV - 2006)

Hablando de la juventud, escribía Juan Pablo II en “Cruzando el umbral de la esperanza”: “¿Qué es la juventud? Es […] un tiempo dado por la Providencia a cada hombre, tiempo que se le ha dado como tarea, durante el cual busca […] la respuesta a los interrogantes fundamentales; no sólo el sentido de la vida, sino también un plan concreto para comenzar a construir su vida.” Y continuaba el Papa diciendo: “Si en cada época de su vida el hombre desea afirmarse, encontrar el amor, en ésta lo desea de un modo aún más intenso.”
Acertadamente, hay muchas personas jóvenes buscando en el amor el sentido de su existencia. Verdaderamente, el amor es la clave de la vida, porque es la sustancia de la que estamos hechos, la causa de nuestra existencia y la meta por la que vale la pena la vida: cualquier vida humana. De forma entusiasmante lo explicaba el Cardenal Ratzinger en su libro “Creación y pecado”. Decía el ahora Benedicto XVI: “Dios ha creado el Universo para entablar con los hombres una historia de amor. Lo ha creado para que haya amor. […] Dios ha creado el Universo para poder hacerse hombre y desparramar su amor.”
Estas reflexiones me las hacía al hilo de una conversación que mantuve hace unos días con una de mis alumnas. Me mostraba su temor ante un mundo que ella ve egoísta, falto de humanidad y de calor, donde no parece tener cabida la capacidad de amar. E intentaba explicarle que siempre es posible hacer humano el propio entorno, precisamente porque somos humanos, protagonistas de una historia de amor.
¡Si aprendiéramos a mirar a Dios con más frecuencia!

jueves, 23 de noviembre de 2006

LA ESENCIA DE LA VIDA (23 - NOV - 2006)

Cuenta el Génesis como “Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, donde colocó al hombre que había formado. E hizo brotar del suelo toda clase de árboles deleitosos a la vista y buenos para comer, y en medio del jardín, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.” (Gen 2, 8–9)
Quien conoce la Historia Sagrada, sabe que Dios, luego, “impuso al hombre este mandamiento: «De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio.»” (Gen 2, 16–17)
Y el primer hombre, Adán y la primera mujer, Eva, inducidos por el engaño de la serpiente, comieron de ése árbol. Fue el primer acto de desobediencia y rebeldía de la humanidad contra su Creador. Y Dios echó al hombre del Jardín del Edén. Así sigue explicándolo el Génesis: “Y dijo Yahveh Dios: «cuidado, no alargue [el hombre] su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre.» Y le echó Yahveh Dios del jardín de Edén […]. Y puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.” (Gen 3, 22–24)
Ahora muchos buscan desentrañar la esencia de la vida. Es una investigación importantísima, a la que vale la pena dedicar tantos esfuerzos. Pero no se debe abordar sin respetar la intrínseca dignidad del sujeto sobre el que se investiga. Pienso que sólo quienes sepan respetar la dignidad del hombre llegarán con seguridad a la esencia de la vida.
Y me gusta leer lo que decía el Cardenal Ratzinger en su libro “Dios y el Mundo”: “Ignoramos lo que sucederá en el futuro en este ámbito, pero de una cosa estamos convencidos: Dios se opondrá al último desafuero, a la última autodestrucción impía de la persona. Se opondrá a la cría de esclavos, que denigra al ser humano. Existen fronteras últimas que no debemos traspasar sin convertirnos personalmente en destructores de la creación, superando de ese modo con creces el pecado original y sus consecuencias negativas”.

jueves, 16 de noviembre de 2006

DIGNIDAD HUMANA (16 - NOV - 2006)

Leía hace unos días en “El amor que da vida”, de Kimberly Hahn, lo siguiente: “Nuestra sociedad actual ha rechazado la llamada a instaurar una cultura de la vida en la que hombres, mujeres y niños, que han sido creados por Dios, sean respetados por sí mismos y no sean vistos como medios para alcanzar un fin. […] Tenemos una ética que reconoce el valor inherente a la vida de todo ser humano, por la única razón de que cada persona está hecha a imagen y semejanza de Dios. Pero nuestra cultura ha cambiado esta ética por una ética llamada «de calidad de vida», que basa el derecho a vivir de una persona en un juicio de valor subjetivo que se centra en si a la sociedad le merece la pena esa persona.
Tenemos que descubrir las raíces de la guerra cultural entre la vida y la muerte que se propaga a nuestro alrededor. No es demasiado tarde para restaurar la cultura de la vida.”
Es verdad que nunca es tarde para sumarse a la batalla por la vida. Me acordaba de otro texto que leí, escrito en el año 1981 por el entonces Cardenal Ratzinger, que decía: “nuestro destino depende por completo de que logremos defender la dignidad moral del hombre”.
Pero… ¿qué es y en qué se fundamenta nuestra dignidad? He aquí otro texto del Card. Ratzinger que ofrece una respuesta clara y preciosa: “[Cada hombre] ha sido llamado por [Dios]; […] es conocido y amado por Dios; ha sido querido por Dios. […] La vida humana está bajo la especial protección de Dios, porque cualquier hombre, por pobre o muy acaudalado que sea, por enfermo o achacoso, por inútil o importante que pueda ser, nacido o no nacido, enfermo incurable o rebosante de energía vital, cualquier hombre lleva en sí el aliento de Dios, es imagen suya. Esta es la causa más profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana. […] Allí donde ya no se ve al hombre como colocado bajo la protección de Dios […] allí es donde comienzan a surgir las consideraciones acerca de su utilidad, allí es donde surge la barbarie que aplasta la dignidad del hombre.”

jueves, 9 de noviembre de 2006

EL EMPERADOR ESTÁ DESNUDO (9 - NOV - 2006)

“Hace muchos años había un Emperador que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia. Un día llegaron a su ciudad dos farsantes que aseguraban tejer las más maravillosas telas: las prendas con ellas confeccionadas poseían la virtud de ser invisibles a toda persona incompetente o irremediablemente estúpida.”
Todos hemos oído este cuento de Hans Christian Andersen; cómo el Emperador les encargó un traje con esas telas mágicas. Reconocer no verlo era como inculparse de estúpido o incompetente. El mismo Emperador simulaba ver la tela. Y con las fingidas prendas simuló vestirse al fin.
Todos conocemos cómo acabó el engaño: ante el primer niño que presenció el lamentable espectáculo del Emperador en paños menores: “¡Pero si no lleva nada!”, gritó el chiquillo. “¡Pero si no lleva nada!” gritó, al fin, el pueblo entero.
Y el cuento se ha hecho realidad en la sociedad Española de hoy. Se nos quiere someter bajo la dictadura del relativismo y del pensamiento débil. Nos adoctrinan con mezquindades inverosímiles políticamente correctas sin fundamento alguno.
Se hace necesario recuperar la capacidad de sorpresa, perder el miedo al qué dirán, rescatar la inocencia perdida y desprenderse de la afectación y del engaño. Y se ve entonces la verdad en su clara evidencia: tan a las claras, como claro y evidente era que el Emperador andaba en paños menores.
Y nos percataremos de cómo, poco a poco, han devaluado los más preciosos tesoros. La vida de los hijos, ante un aborto hoy completamente liberalizado en la práctica. La estabilidad de los matrimonios, ante un divorcio express que habla de liberarse pero no de fidelidad. La verdad sobre la familia, ante la imposición a aceptar como tal cualquier emparejamiento de seres humanos. La dignidad de la persona, ante leyes que conciben, en aras de la ciencia y de la salud, la creación de seres humanos a la carta y la manipulación genética.
Y todo es… una gran mentira.

jueves, 2 de noviembre de 2006

SEXO Y GÉNERO (2 - NOV - 2006)

La nueva doctrina del hombre seudo-liberado nos quiere convencer de que las diferencias entre hombre y mujer son puramente convencionales, meras construcciones sociales, felizmente superadas. Ahora lo políticamente correcto es aceptar que el género (es extraño: ya no se habla de sexo sino de género) es algo que se construye, algo a lo que se opta.
Nos insisten en que no hay dos sexos, sino diferentes y variadas orientaciones sexuales. Orientación sexual que se decide en cada caso según sienta cada individuo. Orientación sexual que puede evolucionar a lo largo de la vida.
En un desconcertante empeño por pretender hacer creíble lo inverosímil, nos hablan de matrimonios homosexuales y de su capacidad para la adopción de hijos, de transexualidad o de madres de alquiler. Nos fuerzan a aceptar una absurda visión del ser humano, que atenta al más elemental sentido común.
Pero la naturaleza es tozuda, y por más que queramos hablar de identidad sexual a la carta, de hecho nadie puede alterar su sexo cromosómico. A este respecto, se podía leer en la web
www.mercatornet.com, en su servicio del 14 de octubre del 2005: “Cada célula del cuerpo de una persona contiene los cromosomas que lo identifican como varón o mujer. No es sólo una cuestión de diferencia de genitales. […] La cirugía y los tratamientos hormonales pueden crear la apariencia de un cuerpo masculino o femenino, pero no pueden cambiar la realidad que subyace.”
Es llamativo este extraño empeño por liberar al hombre de su biología. Como se explica en “la sal de la tierra”, “ya no se admite que la naturaleza tenga algo que decir; es mejor que el hombre pueda moldearse a su gusto”. No podemos dejarnos engañar ni hemos de permitir que nos confundan con tanta mentira amarilla; como también decía el Cardenal Ratzinger (Creación y Pecado), “nuestro destino depende por completo de que logremos defender la dignidad moral del hombre”.